Si muriera la poesía

Haciéndola mía la descubrí…

Hay tanta belleza  en ella que fue apoderándose,

poco a poco, de cada fibra de mi ser…

Desde amores eternos,

a pasiones fugaces,

la inmensidad del cielo

a la enormidad de los mares…

Iluminados y húmedos

amaneceres  a ocasos sedientos de algo más…

Caminos empedrados y polvorientos

a cementos fríos  y malolientes…

Desde la fragancia del bosque

a la soledad reseca del desierto…

Poesías dibujadas  con Pluma y tinta en papel,

otras con besos

y  caricias con sudor en la piel.

Seducida por ella es que me entregué,

le doy todo lo que siento y soy,

me enamoré  de ella

que “si muriera la poesía”

mi vida ya no sería vida.

 

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Amor Bravío…

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La humedad de la arena que acaricia mis pies al caminar evoca el placer que me das al rozar la tersura de mi piel en esos instantes en que la pasión ocupa cada milímetro de mi cuerpo desnudo, enredado en las sábanas, esas que emiten el aroma de nuestro amor.

Al llegar el reventar de la ola a mí, es sentir el éxtasis de la emboscada que arremetes con tu vaivén, donde te fundes en mi orografía convirtiéndonos en uno, viviendo el compás, como si estuviésemos en medio del mar, meciéndonos dulcemente.

Cual frágil barquilla que mece las olas del mar, al compás del aire de tu suspirar, sintiendo tu cuerpo sobre el mío con tu exhalar fragante perfume marino que me hace volcar mi boca en tus labios para morder y besar, sintiendo el deseo de llevarte a la playa para ahí encallar.

Llegando a la playa poder extender tu cuerpo armonioso mi bella mujer, oh diosa del mar me haces vivir con ganas de ahogar mis deseos en ti, para así contigo existir, y fundidos los dos en un largo asir de nuestros cuerpos ahí descansar, sintiendo el fuego que el aire y el mar poder sofocar no podrán, pues dejarte de amar nunca mi corazón eso hará.

Poniente vomitaba tiernos amaneceres, cuando la sangre de nuestras venas hervía, y nuestros ojos se incendiaba de deseo, entonces encallados como un barco fantasma, nos enzarzamos en besos cubiertos de sal, apaciguados por un oleaje violento, en la lucha de cuerpo contra cuerpo, el amor era como el amanecer, dorado que nuestros poros hacía reventar en pleno éxtasis.

Y cuando llegó el éxtasis, cerramos los ojos para seguir acariciándonos, besándonos con besos incendiarios por el placer, que rebosaba de nuestros cuerpos. El pleno dios del sol nos inundó con sus rayos, dándonos la bienvenida con el nuevo día, ese día que no deseábamos que acabara, allí sobre la suavidad del lecho de arena, queríamos seguir como si fuera nuestro paraíso perdido, como si los sueños que teníamos se hubieran cumplido.

Y tras tanto y tanto golpe de oleaje, mecernos en la playa y acabar exhaustos, llegó la calma. Se calmó en un explotar juntos, en dejar de nosotros salir las aguas, el separarnos en un último beso que dejaba entre sus comisuras, escapar entrecortados suspiros, mezcla de estar saciados y relajados, un mar en calma.

Lanzando, miradas de amor con vergüenzas mezcladas, llegó la mesana, el agua calmada.

Entonces, es cuando tendidos en esta nuestra playa yo aprovechaba para acariciarte despacio… suave… con el alma….

Pero nunca te puedes fiar de la bravura del agua, de que ahora ya esté calmada.

Las caricias, las miradas, embravecieron nuevamente nuestra aguas y otra vez llegaron las olas a la playa .

Este amor jamás serán aguas planas.

Te tengo que amar como oleaje como ola excitada, queriendo chocar con la arena……. en tu playa.

Nuestro amor……. aguas bravas.

Admito amor que esto de quedarnos anclados en esta ardiente playa con el mar como testigo de nuestros encuentros furtivos, ha llenado asi mi copa, rebosado cada estrofa de mis versos y dibujado en nuestra piel lo íntimo de nuestras horas.

Y es este crujir de sentimientos lo que mueve mis adentros, se revuelca como ola embravecida, adulterada por lo cálido de tu cuerpo.

Y es que haber anclado en tu mirada ha sido como tocar suavemente una dulce melodía, como darle una cordial bienvenida a esos amaneceres donde hemos despertado extasiados entre sabanas mojadas.

Amarte ha sido como degustar un gran manjar, galopar por los rincones de tu elixir y adueñarme sin medida de tu ser a plenitud.

By:
Viviana Lizana
Juan Carlos Cebollada
Ricardo Medina
Diego Sinmas
Audrey Shai

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