Ya no quiero

fortaleza

Pequeña ante tu presencia,

Ignorante ante tu sabiduría,

la reflejas en las líneas

que el tiempo ha dibujado en tu piel partida.

La nobleza de tu ser

se extiende en tus brazos hacia el cielo,

La esperanza la conviertes en verdor

con lo que cubres tu techo.

Llegaste a mí,

 dibujado en unas letras,

las que se incrustaron en mi ser,

liberando mi alma de ataduras autoimpuestas.

La grandeza del amor,

ése que se da desde la esencia,

el que se abre y escapa a la razón,

el que abarca desde la tierra a la luna

y más allá de las estrellas,

desde la concepción hasta el último mortal

que hay en nuestro planeta.

Ese amor incondicional,

ése que es sólo dar

y darse a quien está muy lejos de la vista o está muy cerca.

Ya querer, no será más

la palabra que mi corazón ofrezca,

estoy aprendiendo a amar,

pues poseer,

no es lo que mi alma desea.

 

 

A mi amigo del alma José Manuel Gómes Mira.

Viento con sabor a amor

viento con sabor


 

La fría ráfaga de aire

que ha entrado por la ventana en esta madrugada,

ha traído calidez a mi corazón

al ver tu imagen en las estrellas…

refulgentes destellos

han llenado mi alma de tu mirar.

¿Cómo he de dormir?

si lo que anhelo es reflejarme en esos cristales

que en mis ojos te veas posado en esta tierra firme….

que sientas la suavidad de mi piel al rozar,

con la yema de mi dedo, tus dulces labios.

Esos labios que se niegan a ser besados…

privando de llenarme de tu esencia,

esa que embelesa mis sentidos,

estremeciendo mi ser al alucinar

con compartir el aire que se interponga

entre nuestros cuerpos.

Pero aquella brisa vino cubierta de amores,

sobre una borrachera de labios,

que en sueños enzarzaban las lenguas,

dando calidez rítmica a nuestros cuerpos,

que sobre una cama de pétalos de rosas,

jugaban a hacerse el amor,

con tanta pasión y sufrimiento,

que hasta la luna gozaba al vernos.

Seguimos en sueños amándonos,

más cuando las estrellas se diluían,

sobre la dilatada madrugada,

amanecimos en la cama por nuestros labios pegados,

sudorosas nuestras pieles

se dieron un baño de besos incandescentes.

Si todo fue un sueño,

bendito sea el sueño,

que esos labios bendijeron aquella noche.

 
Escrito por Juan Carlos Cebollada Gracia
y
Viviana Lizana Urbina