En mi puerta…


Cuerpo insomne y abatido, corazón destrozado por la vida, alma corroída por desdicha, sucumbe y se inmola…
Vive una cruenta agonía.
Ecos de gritos de desesperanzas y miedos han calado fuertemente la puerta.
Imposible negarse a que el viento es quien levanta las olas o que la tierra es regada por el llanto del cielo, cómo puede mi alma negarse a que hay un ser parado en mi puerta que espera le encienda una farola en su camino…
Cómo no aclarar ese inhóspito sendero, aunque sea con una vela expuesta al viento. Así con un caminar pausado, se cubre la llama con la mano evitando que él quede a oscuras.
Despejaré sus tinieblas, soplando suavemente hacia el cielo, con el calor tenue de la llama sentirá su piel una sutil calidez y poco a poco se fortalecerá su andar, su alma encontrará sosiego lo que le dará la paz a su corazón…
Difícil es,  todo tiene su dificultad.
Luces  serán las palabras salidas de lo que me dicte el alma.
El cielo se abrirá a medida que con mis susurros logre que tenga una mirada sin cristalizar…
Su fortaleza reaparecerá al recobrar la fe y las esperanzas.
Es  tiempo…
Abriré la puerta…

Viviana Lizana Urbina ©

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