Despojándose


Miró dentro, no escuchó más que el silencio de la soledad que se anidó desde las cuencas de su parda mirada hasta el último rincón de sus venas cálidas…

Estaba oscuro, no había ya en el horizonte de sus emociones ni un rayo de sol.

Recogió sus células tristes y las depositó en el baúl de la ropa vieja, allí se apolillarán y se harán nada…

Entonces hará un parapente con las esperanzas de un nuevo mañana, anudado  a los hilos del destino que la conducirán a la búsqueda de la alborada.

Viviana Lizana Urbina ©

 

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