Tu cárcel


En cárcel de huesos y carne, con ese aroma a encierro y a podredumbre, donde la compañía habitual son ratas que se te echan en los pies, pues buscan el poco calor que genera el famélico despojo de cuerpo.
En ese confinamiento nauseabundo, con esa pestilencia adherida a las paredes, se encuentra un alma oprimida que busca cualquier mínima rendija para esfumarse, ojalá, hasta la eternidad.
Hasta un segundo de aire nuevo le sirve para dar alas a sus sueños, así los deja libres como pajarillos en el cielo.
Miedo a no encontrar ése ápice de espacio o a secarse en la agonía de sus anhelos…
Temor a que su sangre se vuelva cal, a que los párpados se cansen de luchar y se entreguen al final descanso y no entre más la luz de ese sol que tanto adora y que penumbras tenebrosas le abracen y venzan sobre ellas las cadenas.
!Basta ya de lamentos! Entierra esas uñas en las paredes, rasgúñalas aunque sangren tus dedos y te despellejes.
Sólo tú puedes destruir el sarcófago que tu mente ha creado para aislarte del mundo viviente. Deja ya de soñar…
¡Vive!
!El tiempo corre!
¡No sigas ausente!

Viviana Lizana Urbina©

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