Pecando en un café

Sentada en un café, observando a la chica sentada a mi lado…
(De acuerdo, es malo espiar,  luego me confesaré, pero vale la pena quedar como una fisgona…
¡ Ah! No lo vuelvo a hacer.)

Ella escribía en su portátil un mensaje para otra chica…

Cielo, ¿ te he dicho hoy que te amo? 

¡Ay     vida, cúanto te amo! 

Así, sin preguntas… 

Sin más  que esto que habita en el ser,  

desborda mi día 

manteniéndome con esta sonrisa… 

Así, te amo. 

Simplemente el saberte,  

escucharte e imaginarte,  

te amo. 
Caricias entre letras, 

besos dibujados, 

hacer el amor con los aromas de tu cabello peinado en el viento 

y el sabor de tu piel 

entre dulce y salado. 
Por ahora,  sólo esto basta.

Algo más,  se lo dejo al tiempo.

El amor,  el amor… Sentimiento que no tiene barreras de sexo, tiempo, idioma, ni espacio. Está por doquier, lo vivimos y lo presenciamos.

¿Ven que este pecadillo de mirar lo que no debo,  tiene perdón?

Viviana Lizana Urbina ©

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2 comentarios sobre “Pecando en un café

  1. Amiga mía pecar en lo sencillo y lo cotidiano no es pecar. Y menos cuando se escribe una sutil experiencia como la que as escrito, aunque sea sobre el fisgoneo en un café.
    Me as dejado exhausto al leer algo diferente y bello, pues hay se ve la calidad de la persona que escribe y su corazón estimula los impulsos necesarios para hacerlo bello.
    Un abrazo de este amigo que te lleva en su corazón.

    Le gusta a 1 persona

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