No es tiempo de gladiolos

Flores para la dama de aquella tienda, dijo el guapo varón, mientras aspiraba el humo del cigarrillo..
Y le envió una docena de gladiolos rojos, para navidad.
……………………………………………..

No sé cómo te llamas, pero igual me encantas.
Decía la nota que encontró al abrir la puerta de la tienda. Como firma, una D.
La muchacha, a diario, miraba impaciente por entre los cristales de la vitrina por si veía pasar al joven alto y apuesto, con su cigarrillo en los labios…
Una de tantas tardes, al verlo acercarse, se quedó en la puerta y le pidió fuego. Ésa fue la primera vez que se miraron, timidamente, a los ojos.
Desde ese momento, ya ha pasado una vida…
El tren partió hace mucho tiempo y sus vagones se desprendieron y siguieron rumbos distintos. Jamás se imaginaron que las líneas férreas se volverían a juntar…
Hoy, se vieron pasar, con las pieles marcadas y con cicatrices en el alma, que ha dejado el tiempo.
Ahora, se saben nuevamente…
No es tiempo de gladiolos, pero es tiempo de palabras y un café.

Viviana Lizana Urbina

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