Mentira

¡Cómo odio las mentiras!
¡Cómo duele la traición!
¡Maldito!
Creí en ti. Nuestro amor era lo único seguro. Todo lo que gira alrededor se desmorona y recompone una y otra vez, pero contigo me mantuve erguida ante la tempestad.
Pero me fallaste. Te diste en miradas y palabras a otros ojos.
“Acuérdese que la amo,” me decías. Esas palabras eran para autoconvencerte de algo que no sentías.
Te encandilaste con la pasión florecida entre las letras de alguien más.
Pues, ve sé feliz.
Tú cambiaste este amor por el ardor entre otras sábanas.
Yo, soy demasiada mujer para recibir sólo tus migajas.

Viviana Lizana Urbina

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¡Ay amor!

Sin ti mi historia
sería distinta,
gracias por permanecer en mí.
¡Ay amor!
Sin ti
no hay sonrisa al amanecer, sin ti
los sueños se tornan pesadillas.
Contigo a mi lado
las noches son maravillosas, pues sintiéndote,
amándote
realmente vivo.
Tu corazón y el mío al unísono
Tu piel y la mía adheridas
Tu boca y la mía, besos y más.
¡Ay amor!
¡Cuánto te amo!

Viviana Lizana Urbina

Realidad

Se perdió la risa en tus ojos al mirarme.
El silencio que era palabra del alma al reflejarme en ellos, ahora es vacío, tedio, indiferencia, prisa…
Desilusión hay en mi pecho, el ayer es tan lejano…
Te veo iluminado entre otros mundos, titilan tus pupilas en razón de voces extrañas…
Desamor es lo que adivino en tus pasos, hurgas entre los latidos ajenos buscando uno que impulse tus momentos…
Distancia es lo que hay entre mi amor y tus reflejos, ya nada es igual…
Todo nace y todo muere,
ésa es la realidad.

Viviana Lizana Urbina

¿Qué importa?

Contando monedas
para el pan,

dibujando dinero
en los vidrios empañados
por el frío,

recortando y ajustando
cuanto hay
para poder llegar al 20…

Sí, de esa forma
hoy sonrío desde adentro,

pues hay abundancia
de besos, abrazos
y alegría;

sobra la falta
de tantas cosas

entre la piel y la sonrisa.

¿Qué importa
que haya motas
en mi vieja ropa?

¿Qué importa
que mis botas
estén desgastadas y desteñidas?

Al fin me liberé
de los barrotes de oro

que me mantuvieron
tantos años
prisionera de la desdicha.

Viviana Lizana Urbina

Esa esquina

Me topé con esa esquina que no deseas jamás llegar, aquella que te espera en medio de la bruma y la oscuridad, donde no alcanzas a ver qué hay en la otra calle, menos ves lo que hay en la otra vereda.
Llegué a ese lugar húmedo, que huele a frío letal, donde sientes que te penetra el nauseabundo olor de una tumba.
Estoy en ese punto muerto, parada sobre la incertidumbre…
No deseo sentir esta sensación, es como estar caminando a ciegas, tratas de palpar qué hay a tu alrededor, pero no logras reconocer si hay paredes o vacío…
Estoy como perdida, sola, asustada…
Sigo avanzando desde esa esquina y no sé qué hay un paso más allá, pero no me detendré, tal vez se disipe la bruma. Eso espero.

Viviana Lizana Urbina

Inevitablemente el tiempo

Corre irreverente este tiempo inclemente, presuroso se lleva lo terso de la piel.
Ya hay caminos que recorren mis ojos y mis labios, en ellos se quedaron los paisajes que ayer recorrí.
Frente al cristal empañado de la ventana postrera quedó la brisa del mar y las olas que mecieron mi mirada abrazada al horizonte.
Hoy, la nieve cae en mi frente, la frialdad de los años se apodera de mi andar.
El reflejo que asoma en el espejo de una mirada es la realidad que me envuelve en este anochecer.
El invierno se ha empoderado de mis ilusiones, ya el cielo azul se oculta tras las nubes, la lluvia se ausenta, la primavera no se vislumbra.
Gélido aire arropa mi alma en la penumbra de mi palpitar.

Viviana Lizana Urbina

Tú eres la llave

Tengo la certeza

que mis lágrimas derramadas

son el caudal de tristezas

que surcaron mis laderas.

En la inmensidad

de esta tarde vacía y rancia,

resurge la irreverente desidia

con que viví ese tiempo,

el que,

al mirar cómo se abrió

sobre mí el cielo,

quedó tras el portón

que encadené y sellé.

Sé que tú eres la llave

que dejé tirada

en la desembocadura del río tormentoso.

No regresaré jamás, siquiera,

a mirar ese lugar

donde te arrojé.

Viviana Lizana Urbina

Imaginándote y sintiéndote

Dibujé mil besos en el aire para que cuando el viento arrase los lleve a tus labios.

Acaricié las nubes con mis ojos para que lleguen esas caricias a tu piel desnuda.

Me dejé bañar por el cálido recuerdo de tu mirada inquieta y cautivante.

Me deshice en la magia de tus caricias pendientes y se erizaron las razones en tu húmeda añoranza.
Y aquí estoy, sintiendo cómo arde el fuego entre mis manos.

Viviana Lizana Urbina

Retazos de tiempo

Roída la mínima posibilidad de expulsar desde mis entrañas la pesadumbre de mi ser,
echada sobre el escaño añejo de mis decidias arrastradas por el tiempo,
circundada por el hedor pestilente de la maldad
me he sorprendido un instante.
Por suerte, tan sólo fue un pequeño espacio de tiempo que me arrinconó en lóbregos retazos de mi historia.

Viviana Lizana Urbina

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